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K. según M. (Con la opinión de B.) : La recepción de Kafka en la obra de Monterroso




Fabián Alfredo Iglesias
Escritor



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ÍNDICE


PRESENTACIÓN


INTRODUCCIÓN: RECEPCIÓN E INTERTEXTUALIDAD


CAPÍTULO I: Monterroso lector de Kafka


Las obras

Borges mediante...

Casos de recepción productiva
            Un sueño
            El capricho de las sirenas
            Una confusión cotidiana
            Preocupaciones de un perro


CAPÍTULO II: Monterroso crítico de Kafka

Humorismo

Literatura y zoomorfismo
            Acerca de las comparaciones

Crítica y ficción: entre lo reproductivo y lo productivo


CONCLUSIONES

BIBLIOGRAFÍA

 

 

"Quizás exista también otra forma de escribir, pero sólo conozco ésta; por la noche, cuando el miedo no me deja dormir, sólo conozco ésta. Y lo diabólico que hay en ella se me aparece con toda claridad. Es la vanidad y la sensualidad, que de continuo gira en torno a la figura propia o una ajena, gozando de ella -el movimiento se diversifica entonces y se convierte en un sistema solar de vanidades. Lo que a veces desea el hombre ingenuo: "Quisiera morir y ver cómo lloran por mí", lo lleva a la práctica continuamente un escritor así, pues muere (o deja de vivir) y se llora de continuo."

Franz Kafka. Carta a Max Brod

 

 

"Mis dudas forman un círculo en torno a cada palabra, las veo antes que a la palabra, ¿pero qué? No veo en absoluto la palabra, la invento. En definitiva no sería la mayor desgracia, sólo que entonces tendría que inventar palabras capaces de soplar el olor de cadáver en una dirección que no nos espantara enseguida a mí y al lector."

Franz Kafka. Conversación con Oskar Baum

 

 

"Queridísimo Max, he aquí mi último ruego:

Todo lo que se encuentre al morir yo (en cajones de libros, en armarios, en el escritorio, ya sea en mi casa o en la oficina o en cualquier otro lugar en donde se te ocurra que pudiera haber papeles), me refiero a diarios, manuscritos, cartas, ya sean ajenas o propias, esbozos y toda cosa de este género, debe ser quemado sin leerse..."

Franz Kafka




PRESENTACIÓN

 

            El presente trabajo es el resultado de las tareas de lectura, análisis y comparación de obras del checo Franz Kafka (Praga, 1883-Viena, 1924) y del guatemalteco Augusto Monterroso (Tegucigalpa, 1921). Dichas tareas se llevaron cabo con el objetivo de analizar primero y comentar después, cómo se manifiesta la recepción de Kafka en la obra del escritor guatemalteco. Es decir, qué mecanismos de recepción activa han permitido a este último re-crear la ficción kafkiana. Esos mecanismos se manifiestan en la escritura como decisiones -conscientes o inconscientes- de tipo estilístico, que se concretizan en la opción por la cita explícita, la alusión, la imitación genérica, la similitud de ambientes, etc. El intento de acercamiento a la interpretación monterrosiana de la obra del praguense, llevó, inevitablemente, a reparar en el argentino Jorge Luis Borges como uno, si no el más importante, de los intermediarios en esta recepción.

            Por la razón enunciada, la Introducción presenta un planteo teórico, que a partir de la recuperación de aportes de algunos estudiosos del tema, intenta precisar conceptos como los de "Recepción" e "Intertextualidad". Algunas -las más operativas- de las nociones explicadas en esa sección del trabajo, se recuperan a lo largo de la exposición para clarificar en algunos casos, y justificar en otros, interpretaciones de las obras.

            A fin de ganar en claridad, se ha discriminado el contenido del trabajo en dos partes: el Capítulo I denominado "Monterroso lector de Kafka" presenta y analiza tres casos de recepción productiva, a la vez que comenta la importancia de Borges en este proceso de lectura activa. En el Capítulo II, "Monterroso crítico de Kafka", se reflexiona a partir de tres categorías que permiten explicitar puntos de contacto entre los autores referidos: a) El humorismo; b) Literatura y zoomorfismo y, finalmente, c) Crítica y ficción: entre lo reproductivo y lo productivo.

            Una vez dicho esto, resta solamente invitar al lector a recorrer estas páginas (esta contaminación, mixtura de saberes y discursos...) que, lejos de agotar la temática, pretende tan sólo ser un punto de partida.



INTRODUCCIÓN

 

     RECEPCIÓN E INTERTEXTUALIDAD

 

El concepto de recepción, en el sentido que aquí se le da, está directamente relacionado con el de intertextualidad, pues la recepción -en este caso del autor guatemalteco Augusto Monterroso respecto de la obra de Kafka- implica una lectura historizada que presupone mecanismos complejos de reelaboración activa de la obra original; mecanismos de lectura y de reescritura que construyen redes de fragmentos y alusiones textuales cuyas conformación y disposición en un nuevo contexto, supone decisiones de tipo ideológico. La voz original es re-ideologizada en la nueva ocurrencia con-textual.

Para definir la intertextualidad, Martínez Fernández J. (2001, 37 y 45) comienza proponiendo un acercamiento etimológico al término; y afirma que "...el prefijo latino Inter- alude a la reciprocidad, interconexión, entrelazamiento, interferencia... La intertextualidad evoca el texto, o mejor la cualidad del texto como tejido o red". Luego, el autor amplía esta definición diciendo que "La intertextualidad evoca, por lo tanto, la relación de un texto con otro u otros textos, la producción de un texto desde otro u otros precedentes, la escritura como "palimpsesto" (...) en cuanto supone la existencia de otros textos, la lectura interactiva, lineal y tabular a la vez.". En este intento de definición, Martínez Fernández hace un recorrido por la historia, ya no del término sino del concepto de intertextualidad, y recuerda el año 1967 como la fecha que coincide con la introducción de la noción, por parte de Julia Kristeva, en un artículo sobre Bajtin publicado en el número 239 de la prestigiosa revista Critique. El concepto se hace derivar, entonces, de la teoría bajtiniana sobre la polifonía y el dialogismo textual; origen que lejos de permanecer intacto en los futuros estudiosos del tema, ha hecho correr mucha tinta y ha generado teorizaciones diversas.

Por un lado, están los que se basan en interpretaciones más amplias del sentido del término, en esta línea "...la intertextualidad contemplaría la actividad verbal como huella (reiteración, lo "dejà dit") de discursos anteriores, acogería todas las formas genettianas de transtextualidad y más allá, a la manera de Kristeva y Barthes, entendería el texto como cruce de textos, como escritura traspasada por otros textos". Por otro, una interpretación más restringida del concepto, habla de "citas, préstamos y alusiones [1] concretas, marcadas o no marcadas, es decir, un ejercicio de escritura y de lectura que implica la presencia de fragmentos textuales insertos (injertados) en otro texto nuevo del que forman parte..." (Martínez Fernández, 2001, 63).

De todas formas, y más allá de ambas posturas, el concepto de intertextualidad viene a llamar la atención sobre un aspecto general de la textualidad (Kristeva, J., Semiotioké. Recherches pour une sémanalyse, citada por Martínez Fernández, 57):

 

Tout texte se construit comme une mosaïque de citations, tout texte est absorption et transformation d'un autre texte. À la place de la notion d'intersubjectivité s'installe celle d'intertexualité, et le langage poétique se lit, au moins, comme double.

 

La concepción que se tiene sobre el fenómeno de la intertextualidad mantiene una relación estrecha con la que se tiene de texto; más aun, y esto es realmente interesante, el estudio sobre la intertextualidad ha traído un revaloración y reconceptualización del fenómeno de la textualidad. Esto resulta importante en el ámbito de la literatura, pues como afirma Kristeva, en lugar de la noción de intersubjetividad se instala la de intertextualidad; entonces, cuando de creación de textos se trata, se marca el fenómeno de las presencias inter-subjetivas en la conformación de un texto literario, diálogo entre voces de sujetos que se materializan en una enunciación polifónica. Más relevante se torna el concepto de intertextualidad, cuando más allá de influir en la noción de texto literario,  concibe su potencialidad receptiva como dependiente de la posibilidad de decodificación de los mecanismos intertextuales (Jenny, L., 1976, 257):

 

Hors de l'intertextualité, l'oeuvre littéraire serait tout simplement imperceptible, au même titre que la parole d'une langue encore inconnue. De fait, on ne saisit le sens et la structure d'une oeuvre littéraire que dans son rapport à des archetypes, eux-mêmes abstraits de longues series de texts dont ils sont en quelque sorte l'invariant.

 

Ahora bien, en el caso que nos ocupa, la presencia de unos textos en otros se complejiza desde el momento en que la recuperación que un autor hace de un texto anterior, se da a través de mecanismos que implican una lectura-escritura activa, es decir, trans-formadora y re-creativa. He aquí donde el concepto de recepción se hace operativo, en cuanto es un proceso en el que "el autor, la obra y el público entran en una relación dialógica, dinámica, que está determinada por la asimilación y el intercambio" (Moog-Grünewald, citada por Martínez Fernández, 66-67) [2] . Dentro del complejo fenómeno de la recepción, esta línea pretende reconstruir el horizonte de expectativas, es decir el conjunto de presupuestos bajo los cuales un lector o conjunto de lectores recibe una determinada obra; y que pueden ser literarios, en caso de que el texto cree una serie de expectativas como sistema codificado genéricamente -relativamente fijo-, (como por ejemplo el conocimiento de géneros que funcionan como guías de lectura de una obra); o extraliterarios, es decir el horizonte de "praxis vital", tan variable como expectativas existan en la experiencia vital de cada lector. Es necesario aclarar también que, como afirman algunos estudiosos del tema, estos intentos de reconstrucción de expectativas de un público lector sólo se ha mantenido como una pretensión metodológica, que en muy pocos casos se ha llevado a cabo, debido a su elevada complejidad. En la práctica, estos intentos de estudio de la recepción son casi siempre singulares, concretos. Por cierto, en este trabajo se adopta esta modalidad de análisis de la recepción: la presencia de la obra del checo Franz Kafka en textos del guatemalteco Augusto Monterroso; metodología esta que no impide señalar un recorrido de lectura que implica, a la vez, una recepción -anterior- argentina de la obra del praguense: la de Jorge Luis Borges. Como se explicará más adelante, la lectura monterrosiana de Kafka está asociada a la de Borges. El planteo de este proceso receptivo no implica la reconstrucción de horizontes de lectura, pues, sería una tarea que excede las pretensiones de este escrito.

Moog-Grünewald [3] rescata una diferenciación entre tipos de recepción que es operativa para el desarrollo de este trabajo. Se cita a continuación:

 

La recepción pasiva incluye a la mayoría anónima y silenciosa de lectores que no comunican a la opinión pública su experiencia receptiva; la recepción reproductiva es la de la crítica, el ensayo, el comentario, etc., que colaboran en la transmisión de una obra literaria; por fin, la recepción productiva es la de aquellos escritores que estimulados por determinadas obras, literarias o de otro tipo, crean una nueva obra de arte; caben en este tercer tipo -el más cercano al concepto de "influencia"- el estudio de lo que el escritor ha hecho con su modelo, cómo lo ha configurado, etc., etc. [4]

 

Otro concepto significativo es el que propuso Dolezel en 1986 en su Historia breve de la poética, es el de transducción, que hace referencia al proceso de transmisión y transformación de sentido en el que se prolongan en el tiempo los textos literarios. En este proceso están presentes, de hecho, los fenómenos de la intertextualidad y la recepción. Según Dolezel, una serie de cadenas de transmisión hacen que los textos literarios trasciendan las barreras de los actos de lenguaje individuales, entre estas cadenas se encuentra el procesamiento activo de las obras, condición necesaria para su pervivencia a lo largo del tiempo. Este proceso lleva aparejadas transformaciones de mayor o menor significación en los textos. La transducción sería una forma que engloba la recepción reproductiva y la productiva, pues está lejos de ser una recepción "silenciosa" [5] .

A partir de estos planteos sobre los fenómenos de recepción de la obra literaria, se presentará a continuación una lectura -una entre las posibles- de la recepción de Kafka en la obra de Augusto Monterroso; lectura posible, pues no hay que olvidar que el analista es un lector cuyas formas de recepción activan relaciones y asociaciones en el proceso de lectura, que pueden no estar autorizadas por el texto para cualquier lector, pero que sin embargo, están legitimadas por los mecanismos historizados de lectura, esto es, la recepción entendida como transducción. La lectura crítica es también un acto de re-creación, por lo que, como también se apreciará en el caso de Monterroso, los límites entre recepción reproductiva y recepción productiva se tornan borrosos.

 

 

 


I. MONTERROSO LECTOR DE KAFKA

 

 Las obras

 

Los diversos escritos de Augusto Monterroso muestran, desde el punto de vista del género, ciertas particularidades. Algunos de sus libros (es el caso de Movimiento Perpetuo de 1972 y de la Palabra mágica de 1983) contienen escritos de diversa índole y género, uno a continuación de otro, que van desde el relato corto al ensayo, pasando por la traducción y el estudio crítico de textos literarios; todo este conjunto se une presentando diversos temas con un ingenio agudo y, en ciertos momentos, con un humor irónico y punzante. También escribió la novela (con caracteres muy particulares, pero que sin embargo la crítica acuerda en llamar así) Lo demás es silencio (1978), donde recrea e ironiza los métodos de la crítica literaria y de-construye los mecanismos mediante los cuales se otorga el efecto de "cientificidad" a esos escritos. Ha publicado cuentos cortos, entre ellos recuperó el género de la fábula, que "invierte" en sus leyes genéricas tradicionales para proponer un nuevo dispositivo literario que se aleja de la intención moralizadora directa. Estas fábulas, a las que se aludirá más adelante, ya que muestran rasgos que pueden compararse con la literatura kafkiana, presentan realidades mediante razonamientos lógicos, cuya conclusión no proporciona una verdad moral con un fin didáctico, sino que más bien relativiza todo valor de verdad tradicional y cristalizado. Este listado se completa con un relato extenso de tinte autobiográfico denominado Los buscadores de oro (1993) ; relatos cortos -Obras completas (y otros cuentos) [6] de 1959-;  y los "Fragmentos de un diario" publicados con el curioso nombre de La letra E (1987). En 1998 la editorial Alfaguara publicó La vaca, un volumen conformado por escritos -¿ensayos?- de diversa índole.



Borges mediante...

 

"...me gustaría pensar que todo lo que he publicado es un homenaje a Borges."

Augusto Monterroso

  

La referencia más explícita del guatemalteco respecto de la obra kafkiana, que nos proporciona un indicio acerca de su filiación con el autor aparece en Movimiento perpetuo (1972, 53):

 

Cuando descubrí a Borges, en 1945, no lo entendía y más bien me chocó. Buscando a Kafka, encontré su prólogo a La metamorfosis y por primera vez me enfrenté a su mundo de laberintos metafísicos, de infinitos, de eternidades, de trivialidades trágicas, de relaciones domésticas equiparables al mejor imaginado infierno.

 

 

Este fragmento del escrito "Beneficios y maleficios de Jorge Luis Borges" es muy significativo, pues está mostrando un recorrido de lecturas que complejiza el análisis de la recepción monterrosiana de la obra del escritor checo. Esta complejidad se basa en el hecho de que el contacto de Monterroso con, en este caso La metamorfosis de Kafka, tiene a Borges como intermediario; el escritor argentino en una recepción reproductiva (es prologuista y traductor) de la obra kafkiana, funciona como intermediario activo que provoca en un segundo receptor (Monterroso) una imagen de la literatura del autor de referencia (Kafka), cuya conformación se manifestaría como un conglomerado de interpretaciones que pone en relación en forma articulada, los escritos de Kafka con los de Borges. Esto se manifiesta con cierta claridad en el fragmento citado, ya que la descripción que realiza del mundo literario borgeano no es sino una traslación de lo que Borges mismo dice del universo kafkiano.

La afirmación de Monterroso "Buscando a Kafka, encontré..." habla de un recorrido de lecturas: Kafka -Borges- Monterroso, Borges -Kafka- Monterroso; un camino receptivo que constituye una ida y vuelta en las lecturas e interpretaciones. La recepción -también reproductiva en algunos casos, pero productiva en otros - de la ficción de Kafka realizada por Monterroso, está atravesada por la actividad crítica de Borges.

¿Cuáles son los puntos más importantes que conforman la interpretación que Borges hace -en este prólogo a La metamorfosis- de la literatura de Kafka? Se pueden resumir en los siguientes aspectos:

-La obra de Kafka está regida por dos "obsesiones": la subordinación y el infinito. En casi todos sus libros hay "jerarquías" y son infinitas. Justificando esta opinión, Borges realiza un comentario breve sobre las novelas América, El proceso y El castillo.

-Los cuentos y las novelas están regidos también por el motivo de la "infinita postergación". Para ejemplificar esto se hace alusión a los relatos "Un mensaje imperial", "Una confusión cotidiana", "La edificación de la muralla china", etc.

-El pathos de las novelas "inconclusas" nace del número infinito de obstáculos que detienen y vuelven a detener a los héroes idénticos. Kafka no las termina adrede, pues el sentido está en lo inconcluso, lo interminable. En este punto Borges convoca al lector a recordar la "más clara de las paradojas de Zenón" (el movimiento es imposible debido a que "para llegar a B deberemos atravesar el punto intermedio C, pero antes de llegar a C, deberemos atravesar el punto intermedio D, pero antes de llegar a D...").Las vicisitudes por las que deberían pasar los personajes son infinitas, con el ambiente recurrente creado por Kafka ya es comprensible, no hace falta decir todo. "Son infinitas como el infierno".

-El goce de la obra de Kafka puede anteceder a toda interpretación y no depende de ella.

-La virtud kafkiana indiscutible es la invención de situaciones intolerables (logradas mediante la creación del argumento y el ambiente). En Kafka la invención es más admirable que la elaboración.

-El hombre de Kafka es el "homo domesticus" que desea obtener un lugar en un orden cualquiera.

 

 

Casos de recepción productiva

 

Un sueño

 

Un caso de recepción productiva es el brevísimo relato "La cucaracha soñadora" [7] , en el que puede reconocerse el mismo recorrido de lecturas planteado en el caso anterior. La recepción reproductiva de Borges (crítico y traductor de la obra kafkiana) es recibida por el lector Monterroso en un proceso activo de recepción productiva que se manifiesta como un escrito que articula, al menos, un doble procedimiento intertextual: en el cuento de Monterroso se reconocen dos intertextos; uno que remite a La metamorfosis [8] de Kafka, respecto de la temática y los personajes; y otro que alude al mundo borgeano de la infinita circularidad y recurrencia de seres que crean a otros seres mediante la acción de soñar [9] . Y esto se da no sólo en el asunto, sino también en el aspecto técnico de la construcción del relato. A la pregunta de un entrevistador acerca de cómo ha "dado forma" a sus fábulas, Monterroso responde que "Haciéndolas, y dejándome llevar un poco por el instinto hasta que cada tema tomara sus propias dimensiones y su propio lenguaje"; seguidamente se refiere a la fábula que aquí se comenta diciendo: "...cuando hice una sobre Kafka, tuve que usar un lenguaje moderno, con una concepción diferente, circular, que diera una idea del infinito, tal como salió, espero."(Monterroso, A., (1981, 28-29) La diferencia en la concepción la plantea el autor respecto de la fábula clásica; y según se propone en este trabajo, el "lenguaje moderno", "circular" es una influencia borgeana.

A continuación se intenterá describir y explicar con qué mecanismos realiza Monterroso esta recepción productiva de la nouvelle de Kafka.

En primer lugar, el título de la obra ya está aludiendo al personaje de La metamorfosis, pero esta alusión es ya interpretativa porque, mediante la elección del término español "cucaracha", se muestra una opción enunciativa por parte del escritor que se distancia del original kafkiano -y también de la traducción de Borges- precisando el término alemán Ungeziefer (y su traducción al español "insecto" [10] ). En este caso, no se trata de un insecto cualquiera, sino de una "Cucaracha". El adjetivo "soñadora", de acuerdo a lo que se relata, se asocia con el mundo literario de Borges; no obstante, la atmósfera onírica no deja de tener reminiscencias kafkianas. Aunque en este caso concreto, por cierto, se trata de una inversión respecto de la situación del personaje -Gregorio Samsa- de la obra de Kafka: "¿Qué me ha ocurrido?", pensó. No era un sueño." (Kafka, F., 1997, 133) [11] . Aquí, el narrador kafkiano en tercera persona, con la evasividad que lo caracteriza, sólo proporciona datos desde una focalización interna (desde el sentir del personaje); debido a esto, el lector no puede asegurar que se trate de un sueño [12] .

Este relato presenta también al comienzo una fórmula intertextual que remite al  relato tradicional: "Era una vez...", técnica de inicio de una narración más relacionada esta vez con el cultivo de la leyenda por parte de Kafka, que con el estilo borgeano. Recuérdese el papel significativo que cumplen las leyendas y parábolas en la obra del escritor checo, debido a que suelen aparecer insertas en las novelas como "claves" de lectura del conjunto novelesco. Sin embargo, es necesario aclarar que la leyenda kafkiana posee más reminiscencias bíblicas, ya sea por el estilo o por el asunto.

 El tema del zoomorfismo (personajes con apariencia animal) al que después se dedicará un comentario, está presente en el relato a través de la figurativización del protagonista. El uso de la mayúscula ("Cucaracha") para nombrar al animal está planteando un aspecto de la "fauna" monterrosiana que se entrelaza con la galería de personajes kafkianos, cuya naturaleza oscilante entre lo animal y lo humano, construye una estética que expresa de manera particular el actuar y sentir del Hombre.

Son dos las acciones llevadas a cabo por este personaje: soñar y escribir. O escribir sueños. Soñar y escribir para dar existencia. La evocación de Kafka es, al menos, pensable.

También viene a la mente del lector la voz de Borges refiriéndose a los cuentos de Kafka de Un médico rural, como catorce cuentos fantásticos o catorce "lacónicas pesadillas" [13] .

            El narrador presenta al personaje en un tiempo indeterminado, pero en relación a La metamorfosis, el tiempo de la acción narrada es un después respecto de la transformación, pues aquí se trata ya de una cucaracha. El estado previo a la transformación, cuando Gregorio Samsa era humano, no está ni siquiera aludido. El antes que supone el relato in medias res de Kafka: "Cuando se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto" (Kafka, F., 1997, 133), aquí ha sido suprimido y reemplazado por un estado actual (es decir, la actualidad del tiempo de la historia, que no coincide con el del relato) en el que la naturaleza humana ya no tiene existencia. Se trata de cucarachas que sueñan cucarachas, sólo la llamada "Franz Kafka" sueña que es un escritor. Una vez más lo humano y lo animal se muestran como dos rostros de un mismo ser. Otra particularidad del relato es el haber superpuesto realidad y ficción, pues, "Gregorio Samsa", personaje zoomorfo inventado por Kafka; y el mismo Franz Kafka, escritor checo, aparecen aquí bajo un mismo estatuto literario. El personaje sueña al escritor que a la vez sueña al personaje: la circularidad del infinito borgeano asiste para dar eternidad al sueño de Kafka.

            La introducción del nombre de Kafka en la ficción, tal y como lo hace Monterroso, no era una técnica ajena al escritor praguense, ya que en su eterna "lucha" entre escritura y vida, trató siempre de mostrarse y ocultarse a la vez, en los diversos rostros de sus "K." .

            El aspecto trágico de la transformación de Gregorio Samsa; la preocupación del protagonista por saber cómo deberá actuar a partir de su nuevo estado; la conciencia de que, a pesar de cierta indiferencia de su familia, resulta una carga para ellos; el final funesto: todos estos aspectos en el relato de Monterroso han sido suprimidos. La posibilidad de la "libertad" del sueño ante tan preocupante vigilia, que para el personaje de La metamorfosis habría sido una solución, aquí se plantea como una "salida"; soñar y escribir, ambas pensadas como acciones del mismo nivel, son una forma de subsistencia y salvación. La vigilia trágica se resuelve aquí a través de un sueño.

 
 
El capricho de las sirenas

 

Borges, en su escrito "Kafka y sus precursores" (Borges, J.L., 1960), establece una línea de influencias de un autor en otro planteando un recorrido cronológico inverso al que propone la historia literaria. Esto es, invierte la lógica temporal de los estudios históricos  -aquella que basada en el positivismo, pretende establecer qué autores han influenciado en las obras de los posteriores, a fin de detectar las "fuentes"-; y ubicándose en un momento de la producción kafkiana, sugiere qué antecedentes han tocado asuntos similares a los de Kafka, de manera que se los pueda leer como sus precursores. El argumento central es que las lecturas historizadas de los críticos -en este caso Borges mismo- construyen líneas de relación con supuestos antecedentes, de manera que, leído de esa manera, Kafka crearía sus propias fuentes. En este sentido, la influencia kafkiana se proyectaría no sólo hacia el futuro sino también hacia el pasado. Borges reconocería en esos precursores la" voz" y los "hábitos" de Kafka. Los comentarios que siguen se basan en la misma idea: creo -permítaseme la primera persona- ver en Kafka la "voz" y algunos "hábitos" de Monterroso.

 

Recurrir a la tradición griega, y más específicamente al mundo mitológico de la Odisea, es un hábito común a los dos autores. Ahora se toman como referencia los textos "El silencio de las sirenas" de Franz Kafka [14] y "La Sirena inconforme"de Augusto Monterroso.

Un primer acercamiento a los relatos revela dos similitudes: la brevedad y la re-creación que presentan del original homérico. En "La Sirena inconforme", frente a la renuncia y resignación de sus compañeras, una de las sirenas insiste "...sumisa, con la voz apagada, y persuadida de la inutilidad de su intento..." en ser escuchada por Ulises, quien "más seguro de sí mismo, como quien ha viajado tanto", califica de "más o menos discreto..." ese canto y por último posee "ingeniosamente" a la sirena. Después, como siempre, huye. De esta unión nace un ser fabuloso (Hygrós) que es proclamado el patrón de "las vírgenes solitarias, las pálidas prostitutas (...), los pobres, los ricos, y otras causas perdidas" (Monterroso, 1969, 213).

"El silencio de las sirenas" muestra a un Ulises ya "pueril" ya ingenioso, que se hace atar al mástil del barco con cera en sus oídos, para resistir la atracción, pero escuchar el canto (¿con cera en los oídos? ¿habría pensado en realidad que el canto de las sirenas "lo traspasaba todo", a pesar de que el narrador diga que no?). Sin embargo, lo que Ulises no pudo es oír el silencio de las sirenas, porque pensando sólo en "ceras y cadenas", se convencía de que ellas cantaban y de que su ingenio lo salvaba una vez más. Estos seres del mar ya no pretendían seducir, sino "tan sólo (...) atrapar por un momento más el fulgor de los grandes ojos de Ulises". El relato finaliza con una reflexión del narrador: puede haber sucedido que Ulises, ya no pueril sino ladinamente mentiroso, usando el engaño "a modo de escudo", haya engañado a dioses y sirenas fingiendo que escuchaba un canto donde sólo reinaba el silencio.

Ambos relatos presentan la historia con cierta insistencia en el deseo de las sirenas. Más allá de las estratagemas que utilice Ulises para salvarse, es en torno a la pasión caprichosa de las sirenas que giran ambos relatos: las sirenas kafkianas creyendo que el silencio podría herir más al enemigo, pues ya no lo querían seducir; las de Monterroso con la insistencia de una y la indiferencia de las otras.

 A las sirenas de ambos relatos se les antoja rebelarse contra la tradición que las desestima en relación al Ulises astuto, sagaz. En Kafka las sirenas parecen lograr algunos de sus cometidos (no cantar, afectar a Ulises con su silencio), pero de todas maneras el héroe siempre encuentra la forma de huir. Y cuando ya todo parece aclararse, asiste la voz de la tradición, para relativizar la interpretación de los hechos (Kafka, F., O.B., IV, 1324):

 

La tradición añade un comentario a la historia. Se dice que Ulises era tan astuto, tan ladino, que incluso los dioses del destino eran incapaces de penetrar en su fuero interno. Por más que esto sea inconcebible para la mente humana, tal vez Ulises supo del silencio de las sirenas y tan sólo representó tamaña farsa para ellas y para los dioses, en cierta manera a modo de escudo.

 

Los que al principio del relato, el narrador calificó de medios "pueriles" e "insuficientes" de salvación, luego son reconsiderados por la tradición que nuevamente reviste a Ulises de la categoría de astuto, debido a que dioses y sirenas son dominados por él. Kafka, de esta manera, desmonta el orden mítico irreductible a un pensamiento lógico, establece versiones y contra-versiones, autorizando y desautorizando voces de la historia, para proponer finalmente el relativismo. La verdad mítica se transforma aquí en lo imposible de explicar. Como en su relato "Prometeo", siempre permanece "el inexplicable peñasco" [15] , símbolo kafkiano de lo inextricable.

Monterroso, por su parte, descompone el personaje colectivo que el mito y la tradición presentan como "sirenas", y pone en escena una sirena individual, autónoma, que no sigue la decisión de las demás. Las restantes, en conjunto, ya resignadas, deciden callar. Estas, separadas de la antojadiza enamorada, se emparientan con las de la mitología kafkiana, pues "silencian" la tradición.

La sirena constante, la que "luchó hasta el fin" por estar al lado de Ulises, logró que la poseyera -no de cualquier manera, sino adviértase la ironía, "ingeniosamente"- y luego desapareció para siempre. Las que quedaron, astutas y silenciosas, a través del transcurso del tiempo "terco" que "pasa" y "vuelve" (Monterroso, A., 1969, 213), son las que callan frente al Ulises de la ficción de Kafka.

Monterroso remata la historia con el nacimiento de Hygrós, el patrón de "las causas perdidas", el símbolo de lo que no tiene solución, y por qué no, de lo inextricable.

 

La recepción productiva de la tradición griega es un punto de contacto entre Kafka y Monterroso; cada uno a su modo, el autor checo refundiendo las leyendas míticas en paradojas inexplicables [16] , y el guatemalteco relativizando las "verdades" mitológicas a través de la ironía y el "hablar oblicuo" [17] (Durán, D.,"La Oveja negra y demás bombas de tiempo"en Corral, W., (1995, 214) han coincidido en el camino de la reinterpretación de la mitología, proyectándose -con la lógica borgeana- ora como "precursor" ora como "seguidor", uno en el otro.

 

Una confusión cotidiana

            El relato "La cena" incluido en el volumen La palabra mágica de 1983, narra un sueño, al parecer, del mismo autor. Ya desde la primera línea se encuentra el lector en un ambiente kafkiano, pues la frase introductoria recuerda el conocido cuento de Kafka "Un sueño" ("Ein Traum", que también recuperó Borges para titular una de sus obras). El comienzo de este cuento: "Josef K. soñaba." (Kafka, F.,1997, 253) mantiene semejanza con el "Tuve un sueño." (Monterroso, A., 1983, 31) del autor guatemalteco. Todo ello acompañado de la omnipresencia borgeana.

            La escena presenta a un grupo de literatos (Alfredo Bryce Echenique; Julio Ramón Ribeyro; Miguel Rojas Mix; Franz Kafka; Augusto Monterroso y su mujer, Bárbara Jacobs) que después de finalizado el "Congreso Mundial de Escritores" en la ciudad de París, son invitados a cenar a la casa por uno de ellos: Bryce Echenique. Kafka, como era de esperarse, no puede llegar al convite, pues no logra superar una serie de vicisitudes casi superfluas, pero que de todas formas no le permiten arribar al lugar. Viene acompañado, además, de una tortuga que trae de regalo, con la que se detiene en un café para que beba agua. Se mantiene comunicado con el anfitrión de la casa telefónicamente, aunque después de varios intentos fracasa en su objetivo.

            La atmósfera onírica da lugar a la puesta en escena de hechos desfasados, confusos, y por momentos, descabellados. La anulación del tiempo cronológico es uno de ellos, ya que el sueño ha podido unir a escritores de diversas épocas en un congreso. Kafka está junto a Monterroso, por ejemplo. Además, las llamadas telefónicas que Kafka va realizando para reportarse, hacen que el tiempo de la historia se extienda aproximadamente por unas cuatro horas; tiempo soñado cuya imprecisión se ve anulada por los datos exactos de las horas de llamado: a las 10, a las 11, 15; 12... Las continuas llamadas de aviso y la imposibilidad de llegar al lugar deseado son motivos kafkianos que pueden observarse en El castillo, por ejemplo.

            Respecto del núcleo del relato: la imposibilidad de llegar a un determinado lugar, porque el acercarse es al mismo tiempo alejarse, es una reelaboración que Monterroso lleva a cabo a partir de la recuperación de atmósferas kafkianas (creadas a partir de un trabajo con el tiempo y el espacio), pero en base a una evidente lectura borgeana previa. Recuérdese la interpretación que Borges hace de ciertos pasajes de la obra de Kafka a partir de la idea de Zenón de Elea sobre la "imposibilidad del movimiento". Se trata aquí, entonces, de un conjunto de voces conformando un mismo texto:

-la de Kafka, a partir del texto "Una confusión cotidiana", en el que un personaje recorre una distancia en diez minutos para encontrar a otro, y después necesita diez horas para el mismo trayecto, con el agravante de que después de varios desencuentros, no logra concretar nunca un negocio previsto (Kafka, F., O.B., IV, 1301-1302):

 

           Pese a esa incomprensible conducta, B entró en la casa a esperar su vuelta. Ya había preguntado muchas veces si no había regresado todavía, pero continuaba aguardando aún en el cuarto de A. Contento de poder encontrarse con B y explicarle todo lo sucedido, A corre escaleras arriba. Casi al llegar, tropieza, se tuerce un tobillo y a punto de perder el conocimiento, incapaz de gritar, gimiendo en la oscuridad, oye a B -tal vez ya muy lejos, tal vez a su lado- que baja la escalera furioso y desaparece para siempre.

 

También por alusiones a El castillo, donde como se sabe, el agrimensor K. no puede acceder nunca al lugar (Kafka, F., 1997, 16):

 

           La calle, es decir la calle principal del pueblo, no llevaba a la montaña del castillo, solamente conducía hasta sus cercanías, y entonces, como adrede, se desviaba, y, si bien no se alejaba de aquél tampoco se acercaba más.

 

-La de Borges, mediante su interpretación de Kafka (Borges, 1992, 10-11) :

 

           El motivo de la infinita postergación rige también sus cuentos.(...) ¿Recordáis la primera y la más clara de las paradojas de Zenón? El movimiento es imposible, pues antes de llegar a B deberemos atravesar el punto intermedio C, pero antes de llegar a C, deberemos atravesar el punto intermedio D,...

 

También esta convocada la interpretación que Borges hace, mediante la ficción, del motivo antiguo de Aquiles y la tortuga.

-Y, obviamente, la de Monterroso refundiendo en un texto nuevo todos estos discursos críticos y ficcionales.

            La imposiblidad del personaje Kafka del cuento "La cena" para atravesar las puertas, trae a la mente del lector situaciones planteadas en La metamorfosis y en la parábola "Ante la ley". El mismo Kafka, esta vez introducido en un mundo onírico de ficción, es puesto por Monterroso en las situaciones llamadas "kafkianas". Así, el guatemalteco quita las máscaras a los K. , los Samsa, los Karl, para, en un juego de realidad y ficción, permitir al propio autor checo mostrarse en sus más profundos conflictos y preocupaciones. Además de las puertas que el personaje no puede atravesar, están los escalones, y el camino que cada vez se hace más largo, y...

 

...¡cuán inútilmente se esfuerza! Todavía atraviesa por la fuerza los aposentos del palacio interior, jamás podrá pasar por ellos, y si lo lograse no habría conseguido nada, tendría que atravesar los patios; y después de los patios el segundo palacio que rodea al primero, y más escaleras y más patios, y otro palacio, a sí sucesivamente a través de los siglos... [18]

           

 

No podía faltar el toque humorístico dado por la incorporación de ese animal -otro elemento esencial- : la tortuga, a la que Kafka debe llevar a un café para que beba agua, hecho que retarda más su llegada al lugar de destino. En esta carrera por alcanzar la meta no gana ni el héroe ni la tortuga, ambos son víctimas de las "infinitas postergaciones".

Este Kafka perdido en París creado por Monterroso, muestra una vez más al escritor checo víctima de "un problema cotidiano, del que resulta una confusión cotidiana." (Kafka, F., O.B., IV, 1301).

 

Preocupaciones de un perro

 

            En La letra E, en el breve ensayo titulado "Perros de Kafka y de Cervantes", Monterroso (1987, 303) comenta lo siguiente:

 

            

...Para Marthe Robert en su Livre de Lectures, por ejemplo, es algo insólito y lleno de novedad o misterio que en las "Investigaciones de un perro" de Kafka ese perro piense y critique a otros perros, que analice la existencia de unos perros sabios, pero sobre todo de unos perros voladores. Si uno admite que se trata de una sátira sólo hay que cambiar mentalmente la palabra perros por la palabra hombres y lo inaudito deja de serlo...

 

           

Estas palabras dan un indicio a partir del cual se puede pensar una relación posible entre los textos "El Perro que deseaba ser un ser humano" de Augusto Monterroso e "Investigaciones de un perro" de Kafka, pues confirma la intuición de que el guatemalteco tiene presente la creación de este último.

Esta relación se planteará simplemente como un esbozo, pues lo que aquí interesa, más allá de las similitudes entre los textos, es la interpretación en clave de sátira que el guatemalteco propone del escrito de Kafka. Interpretación que otorga un dato importante para pensar la recepción general de la obra, sobre todo de aquellos textos que se refieren a la temática animal.

No sólo resulta de importancia la relación animal-hombre que en esta fábula ("El perro que deseaba ser un ser humano") se precisa, sino también la incorporación de la idea de transformación, tan de preferencia kafkiana. Son los casos, por ejemplo, de "Un informe para una academia" y La metamorfosis, en los que puede verse el devenir hombre del animal, como sucede en el primer caso; y el devenir animal del hombre, en el segundo. En la obra de Monterroso, se trata de la crónica de un deseo: el perro se esfuerza por ser hombre.

Se observan en este escrito numerosas similitudes con las obras de Kafka antes referidas. Ejemplos de ellas pueden ser que lo que le falta al perro monterrosiano para ser hombre es, paradójicamente, lo que su misma naturaleza perruna le proporciona; es decir: no muerde (se supone que el hombre sí), movía la cola cuando encontraba algún conocido (recuérdese al mono de "Un informe...", molesto porque un periodista dice por allí que él acostumbra a bajarse los pantalones en público para mostrar una herida en la nalga), salivaba cuando oía las campanas de la iglesia (Pavlov mediante), etc.

En un proceso literario de borrado de límites entre el perro y el hombre, lo animal y lo humano, lo natural-instintivo y lo cultural-aprendido, Monterroso, se acerca a Kafka en la estética de la "antropozoomorfismo" -valga el neologismo- para dar una expresión a la existencia mixta del hombre. El tema de la "animalidad" se presenta en forma más extensa en el apartado "Literatura y zoomorfismo" del siguiente capítulo.

 

 


 II. MONTERROSO CRÍTICO DE KAFKA

 

En el capítulo anterior se han comentado algunos aspectos de la literatura de Monterroso que, mediante la metodología de lectura propuesta, mostraban semejanzas de diverso grado con la obra de Kafka. En ese caso, Monterroso lector de Kafka, ha realizado una lectura activa que, finalmente, se ha reflejado en una obra de ficción nueva, que refunde el modelo. En esta segunda parte, se analizarán escritos de Monterroso en los que se advierte una interpretación crítica de la obra, aunque se trate de textos que estén en las fronteras formales, es decir, genéricamente híbridos. Algunos de estos escritos se aproximan al prototipo genérico del relato; otros, al del ensayo; lo importante aquí, además de estas cuestiones de forma -a las que se dedica el último apartado del capítulo- es qué aporta ese texto respecto de la interpretación monterrosiana de la obra de Kafka.

Para llevar a cabo este cometido, se realiza una lectura de los textos del guatemalteco Augusto Monterroso y un rastreo de las alusiones al autor checo y a su obra, tarea que ha permitido construir tres ejes a partir de los cuales organizar una exposición de las filiaciones literarias, a saber: a) Humorismo; b) Literatura y zoomorfismo y c) Crítica y ficción: entre lo reproductivo y lo productivo.

 



Humorismo

 

"El humor es triste"

A.     Monterroso

 

L'uomo è un animale vestito(...) la società ha per base il vestiario. E il vestiario compone anch'esso, compone e nasconde: due cose che l'umorismo non può soffrire.

 

L. Pirandello

 

El concepto de transducción al que se hizo referencia en la Introducción ("Recepción e intertextualidad") resulta operativo en esta instancia del análisis, para describir una forma de transmisión de textos literarios que conlleva un "procesamiento activo" de las obras: en este caso, los fenómenos de "transferencia cultural" y de "reinterpretación historizada". A estos fenómenos hace referencia el mismo Augusto Monterroso -aunque en un lenguaje desnudo de tecnicismos- cuando refiriéndose a El proceso de Kafka -entre otras obras- ensaya la siguiente interpretación (Monterroso, 1972, 135):

 

A escoger

          

Los dos más grandes humoristas que conoces son Kafka y Borges. "La lotería en Babilonia" y El proceso son regocijos de principio a fin. Recuerda que Max Brod cuenta que cuando Kafka le leía los pasajes de esta novela casi se tiraba al suelo de risa con lo que le acontecía al señor K. Sin embargo, el efecto que el libro te produce es trágico. Tampoco es inoportuno recordar lo que ha pasado con el Quijote: sus primeros lectores se reían; los románticos comenzaron a llorar leyéndolo, excepto los eruditos, como don Diego Clemencín, que gozaba mucho cuando por casualidad encontraba una frase correcta en Cervantes; y los modernos ni se ríen ni lloran con él, porque prefieren ir a reír o llorar en el cine, y tal vez hagan bien.

 

 

En esta propuesta, que superpone una reflexión teórica sobre la recepción con el comentario humorístico, Monterroso introduce una opinión sobre la obra de Kafka -sobre todo refiriéndose a El proceso- que lo acerca a la línea interpretativa que ve en los escritos del checo aspectos humorísticos -Milan Kundera es uno de ellos-, y a la vez lo aleja de las concepciones sólo trágicas de los exegetas que han leído las ficciones de Kafka ocupados "más en sus diarios, de sus cartas, de su tuberculosis y de su mala relación con su padre, que de examinar y gozar sus obras sin toda esa contaminación" (Monterroso, 1981, 42).

Ahora bien, el hecho de ver en Kafka a un humorista, no es algo que pueda aceptarse de buenas a primeras sin ningún tipo de reflexión previa sobre lo que se considera "humorístico". Es, entonces, una tarea insoslayable para comprender con profundidad esta "transducción crítica" que hace Monterroso de las ficciones de Kafka, la reconstrucción, al menos parcial, de la noción de humorismo que el guatemalteco maneja. Para llevar a cabo dicha reconstrucción se realiza un rastreo a través de sus diversos escritos, ubicando aquellos dichos del autor que hagan referencia al tema, y que extrapolados y puestos en relación, puedan dar cuenta de una definición monterrosiana del humor . Seguidamente se presenta ese "mosaico de citas".

En primer lugar se debe tener en cuenta que el autor guatemalteco no quiere ser considerado un "humorista", aunque no niega que muchos de sus escritos muestran una veta cómica. El hecho de que algunos de sus textos -no todos- tengan una fuerte carga de hilaridad, no significa, para el autor, que esto deba tomarse como patrón de lectura, y por una suerte de proyección, "contamine" la interpretación de toda su obra. A su entender, "la mayor parte de lo que" ha "publicado es más bien triste o, por lo menos, (...) carece de intención humorística" (Monterroso, 1981, 42). Esta idea va a la par del convencimiento de que el humor no es un género de escritura, pues no comportaría una serie de reglas estables a partir de las cuales -con cierto grado de regularidad por una lado y de libertad por otro- se llegue a producir una manifestación literaria, cuyas características invadan la obra entera, y por lo tanto sea reconocida como tal. Más bien se trataría de "un ingrediente" (Monterroso, 1981, 43) literario, y no más que eso. La carga de humor en la obra "representa una especie de vigilancia para no caer en la tremenda idea de que la literatura es algo serio" (Monterroso, 1981, 90)

El humor, entonces, considerado una técnica que relacionada con la forma-sentido adquiere la categoría de "ingrediente", no constituye, en este caso, una forma de ver el mundo que abarque el panorama de la obra en general; sino que más bien aparece, de acuerdo con ciertos temas y motivos que, el autor cree conveniente usar. La literatura no habla sólo de temas "graves", si quiere hacerse reflejo de virtudes y defectos humanos deberá captar ambas facetas de la existencia. "Ninguna literatura -dice Manterroso- sobrevive sin humor." (1981, 90).

Monterroso se considera un escritor "realista", y en la línea de lo que se ha expuesto, se debe entender este alegato como una autoidentificación con la idea -ya planteada en la estética de la tragicomedia y luego por el Romanticismo- de literatura como una forma de imitación de la realidad, conformada por una faz trágica y otra cómica. Así parece confirmarlo la siguiente observación: "Recuerdo que desde muy niño observé que en las cosas y en las personas y en las situaciones había siempre una parte cómica" (Monterroso, 1981, 72). La literatura concebida como una representación realista se relaciona con la creación de mundos con dos posibilidades de ser en él, formas de existencia en ese universo que, por cierto, se entremezclan: la trágica y la cómica. En realidad, se engendran y se anulan una a la otra, pero no viven separadas.

"El humorismo, dice Monterroso, es el realismo llevado a sus últimas consecuencias." (1972, 105).  La literatura muestra el accionar del hombre. "Ahora bien, (...) si el espectáculo humano, puesto así, tal como es, a algunos le produce risa, eso es otra cosa, y a veces toma tiempo darse cuenta de que es más bien para llorar" (Monterroso, 1981, 96). Reír y reflexionar serían los pasos, en esto la idea se acerca a la concepción de uno de los teóricos del humor, al italiano Pirandello: "Nell'umorismo, tra il momento de la induzione al riso e lo scaturire della risata liberatoria, interviene la riflessione". (Querci, G., 1992, 158).

En una entrevista realizada por José Miguel Oviedo, Monterroso, para definir el humorismo, recurre a una de las acepciones contenidas en el Diccionario de la Academia, que "en uno de sus miles de aciertos" reza: "el estilo literario en que se hermanan la gracia con la ironía y lo alegre con lo triste" (1981, 43). El término "hermanan" está presentando en la definición lo que se ha venido explicando sobre la relación entre lo triste y lo alegre, pues habla de una unión de parentesco, que más allá de las distancias, los une. Por otra parte, la actitud irónica, muy importante en Monterroso, y a la que se refiere el Diccionario..., es justamente eso, una actitud; el autor no está de acuerdo en verla como una técnica calculada para producir determinado efecto, pues es una forma de ser : "Se es irónico como se es sentimental, llorón o alegre: de manera glandular, y cuando serlo resulta oportuno." (Monterroso, 1981, 97)

Por otra parte, en el autor guatemalteco, el humor va asociado a la timidez, es una máscara que le permite también poder hablar o ejercer la crítica -en todos los sentidos-("Te conozco, mascarita" en Monterroso, 1972, 57) :

 

El humor y la timidez generalmente se dan juntos. Tú no eres la excepción. El humor es una máscara y la timidez otra. No dejes que te quiten las dos al mismo tiempo.

 

En esta línea, "Se l'umorista è dunque poeta e critico, l'umorismo non può essere considerato soltanto una forma d'arte, ma un mezzo per capire e criticare l'arte stessa; (...) tanto che si pensi che l'arte imiti la vita, quanto che avvenga il contrario". (Querci, G., 1992, 159).

El humorismo, entonces, concebido como un ingrediente y no como un género, como la forma de vigilancia para no considerar la literatura como algo serio, también como aquello que forma parte de la existencia, funciona como una máscara literaria que permite mirar a los otros y mirarse a sí mismo, en lo trágico del actuar humano, y vencer la timidez que recuerda a cada momento la debilidad del ser humano.

Esta mirada humorística es la que Monterroso posa sobre la obra Kafkiana, identificándose, de alguna manera, con el escritor checo, por el hecho de no ser comprendidos (Monterroso, 1981, 42):

 

Salvando las distancias, es el caso de Kafka al revés. La gente no se da cuenta del gran humorista que es Kafka porque sus exégetas se han ocupado más de sus diarios, de sus cartas, de su tuberculosis, y de su mala relación con su padre, que de examinar y gozar sus obras sin toda esa contaminación." .

 

 

Una vez discernida la noción de humorismo de Monterroso, se puede comprender de forma más acabada el porqué de su insistencia en la lectura equivocada que se hace de la obra kafkiana. Pues, el humor de Kafka es una forma particular de humor reflexivo, "triste", ya que no induce a la risa desnuda, superficial, sino a una risa amarga, desconcertada, confusa, aquella que nace de verse a sí mismo en una situación ridícula, en un esfuerzo inútil, en una "comedia" [19] . En este sentido, el humor de Kafka es triste. ¿Se deberá acaso a los mecanismos de recepción de cada época, tal y como explica Monterroso en "A escoger"? ¿O desde su creación, el mundo kafkiano habrá provocado esta risa amarga? No es fácil responder estos interrogantes, sí pensar que con el correr del tiempo, en el movimiento pendular que la cultura sella en las lecturas, volvamos a reír a carcajadas leyendo El proceso como lo hacían Franz, Max y sus amigos en la Praga del mil novecientos...



Literatura y zoomorfismo 

La representación de universos literarios cuyas acciones sean llevadas a cabo por seres con apariencia animal, es de antigua data. Sin embargo, según las funciones que la literatura haya asumido para cada época, las leyes genéricas y los estilos individuales de cada autor, estos personajes zoomorfos han adquirido roles y sentidos diferentes. Como ya se sabe, los autores aquí estudiados han ofrecido al mundo literario obras en las que lo animal y lo humano se presentan como espejos enfrentados, cuyo reflejo, al proyectar ambas naturalezas una en la otra, las torna oscilantes, imprecisas... Resta, entonces, analizar qué caracteres adquieren en ambos dispositivos literarios estos personajes.

Para comentar el tema de la "animalidad" en el mundo kafkiano se recupera la propuesta de Gilles Deleuze y Félix Guattari (1975), como así también los aportes de Rodolfo Modern (1983).

La circunstancia de que Monterroso cultive la fábula, con las particularidades que el autor le otorga, plantea desde el inicio la posibilidad de establecer una relación con la literatura del escritor checo. En sus mundos hay caballos pensadores y cultos, es el caso de "Caballo imaginando a Dios" de Monterroso; y el doctor Bucephalus, en otros tiempos caballo de batalla de Alejandro de Macedonia, personaje de "Un nuevo abogado" de Franz Kafka. Ambos personajes reflexionan, entre otras cosas, sobre la subordinación a sus respectivos jinetes. Bucephalus de Kafka, imposibilitado ya de ambientes de batalla como los que le ofrecía su Alejandro, decide desempeñarse como abogado; aceptado por la magistratura, con majestuoso paso, baja las escaleras de mármol del edificio. El narrador agrega (Kafka, F., 1997, 226):

 

Por eso quizá lo mejor sea, en realidad, lo que ha hecho Bucephalus: enfrascarse en lo libros de leyes. Libre y sin que sus costados sean oprimidos por los muslos del jinete, a la plácida luz de la lámpara, lejos del fragor de la batalla de Alejandro, lee y pasa las hojas de nuestros viejos libros.

 

Bucephalus ya lo sabe. Al reflexionar sobre la mejoría de su nuevo rol, aunque la subordinación a un hombre-jinete le otorgue, en cierto modo, una función en el mundo; nunca se hubiera imaginado a su amo como a otro caballo de mayor jerarquía, sino como a un simple jinete. Este es el pensamiento que ocupa al caballo de la fábula del guatemalteco (Monterroso, 1969, 204):

 

A pesar de lo que digan, la idea de un cielo habitado por Caballos y presidido por un Dios con figura equina repugna al buen gusto y a la lógica más elemental, razonaba los otros días el Caballo.

Todo el mundo sabe -continuaba en su razonamiento- que si los caballos fuéramos capaces de imaginar a Dios lo imaginaríamos en forma de Jinete.

 

            No faltan en estas faunas los perros, las cucarachas y los monos. Este último, representante de las ficciones de ambos autores. Se trata de monos cultos: Perorrojo, el exmono (se ha transformado en hombre) de "Un informe para una academia", al que los académicos mismos le encargan un trabajo escrito -es alfabeto- sobre su anterior condición simiesca; y los monos de Monterroso, no sólo alfabetos sino profesionales de la escritura, que debaten sobre la función del escritor en la sociedad [20] .

            Deleuze y Guattari analizan la cuestión de la animalidad en la obra de Kafka, y oponiéndose a interpretaciones tradicionales que ven en esos personajes "metáforas" ("Judíos como perros, el hombre como parásito, insecto...), sostienen que (1975, 37):

 

           El animal no habla como hombre, sino que extrae del lenguaje tonalidades sin significación; las palabras mismas no son como animales, que trepan por su cuenta, ladran, pululan, ya que son perros propiamente lingüísticos, insectos o ratones. Hacer vibrar secuencias, abrir la palabra hacia intensidades interiores inauditas, en pocas palabras: un uso intensivo asignificante de la lengua.

 

            Para los autores "el animal coincide con el objeto por excelencia del cuento, según Kafka (...): trazar una línea de fuga" (1976, 54); "...incluso sin cambiar de lugar o en la jaula..." (1975, 55), la esencia animal es una salida. Otro aspecto importante es que, según estos críticos, no resulta significativo distinguir entre el animal propiamente dicho y el transformado, pues "en el animal todo es metamorfosis; y la metamorfosis funciona en un mismo circuito, devenir-hombre del animal y devenir-animal del hombre." (1975, 55).

            Rodolfo Modern, en una propuesta menos "maquínica" -para usar términos de los autores- y alejada del deconstruccionismo, sostiene que "La animalidad respondería (...), aunque con respuestas diversificadas, a búsquedas específicamente humanas." (1983, 202). Pues el hombre kafkiano extraviado, humillado, sometido, "en el animal puede corporizar y mentalizar, paradójicamente, lo puramente humano, el puro Yo, su mismidad" [21] (1983, 203). Contrariamente a lo que sostienen los dos críticos citados con anterioridad, Modern, sí entiende el recurso kafkiano de la animalidad como una metáfora (Modern, 1983, 203):

 

           Es, si se quiere, una extensa metáfora desarrollada mediante la paradoja que consiste en darle al animal las posibilidades de resolver enigmas primordialmente reservados al hombre, y que éste ha fracasado en solucionar satisfactoriamente. El animal, en cuanto se parece al hombre -lo anticipamos- también es susceptible al fracaso.

 

 

            El planteo de Deleuze que sostiene la animalidad como una forma de "salida" (basada, sobre todo, en Un informe para una academia, donde el protagonista exmono informa que transformarse en hombre fue el resultado de la búsqueda de una "salida", no de la "libertad" que era imposible de alcanzar) es muy interesante, en tanto las transformaciones serían "puertas" de escape, que sin embargo, y es necesario aclararlo, no siempre cumplen su función, pues sólo sirven como salida hacia la muerte. Sólo que esta "metáfora teórica" usada por los autores, no se circunscribe al ámbito de la ficción, pues esta salida estaría relacionada con el sujeto de la enunciación, que busca la línea de fuga. Fuga que no alcanza, pues el sistema cerrado del cuento kafkiano construye muros. El paso del cuento a la novela, sería otra intento de escape, que finaliza en laberintos intrincados e infinitos. Respecto de considerar el hablar animal como un simple ruido insignificante, incomparable con el hablar humano, como si el animal no fuera más que eso, y funcionara sólo en tanto dispositivo formal, es más discutible.

            La interpretación de Modern, en la que paradoja mediante, el animal sería una "metáfora antropológica", resulta, al menos, más explicativa para el cometido de este trabajo.

            El caso Monterroso estaría cercano al de la segunda propuesta, aunque el animal es también aquí un dispositivo literario que permite una "salida crítica", enmarcada en una fábula que se niega a sí misma [22] . La idea de la "metáfora antropológica" es muy explicativa para la obra fabulística del autor guatemalteco, ya que, como afirma Jorge von Ziegler ("La literatura para Augusto Monterroso" en Corral, W., 1995, 52):

 

           Si Monterroso parte del mismo sitio que cualquier fabulista -el hablar del hombre hablando del animal-, llega pacientemente a invertir la fórmula: ve lo humano de los animales y cómo entre la muchedumbre de la selva se constituye la Humanidad. La naturaleza humana habita en cada animal.

 

 

            El índice diseñado por Monterroso a su libro La Oveja negra y demás fábulas, está dando la pauta de que existe una intención en el autor, al igual que en Kafka, de proyectar lo humano en lo animal, no sin un cierto tono humorístico -como el que también puede verse en el comportamiento del mono de Un informe para una academia-; proyección que, a la vez, soporta la oscilación entre ambas naturalezas. El fragmento de índice que se trascribe a continuación, en la enumeración superficialmente caótica de animales y hombres -entre ellos el mismo Kafka- da indicios de esa voluntad (Monterroso, 1969, 220-221):

 

Grillo, 201

Hiena, 183

Homero, 178

Hormiga, 183, 208, 217

"Húmedo, el", 213

Hygrós, 213

Jilguero, 210

Jiménez, R., Alberto, 169

Jinete, 204

Jirafa, 190, 191

Joyce, James, 216

Kafka, Franz, 194, 216

León, 173, 180,...

 

 

            La reflexión sobre la cuestión de comparar animales con hombres, hombres con animales, mundos imaginados con mundos reales, etc. no ha sido ajena a ninguno de los autores aquí estudiados. A continuación se analiza ese aspecto de la creación literaria a partir de los dichos de ambos escritores.

 

 

Acerca de las comparaciones

 

"Todas esas parábolas se limitan a expresar

 que lo incomprensible es incomprensible,

y esto ya lo sabemos sin ninguna ayuda."

Franz Kafka

           

            Se esboza aquí una relación entre dos textos de ambos autores ("Cómo acercarse a las fábulas" de Monterroso y "Acerca de las parábolas" de Kafka) en los que reflexionan sobre el "el arte de comparar". La importancia de estos breves escritos se debe a que son apreciaciones surgidas de la inquietud de Kafka y Monterroso por el lenguaje literario como generador de "mundos posibles" portadores de sentidos, que pueden alejarse o acercarse al mundo real -extraliterario- de referencia; la "comparación" del animal con el hombre llevada a cabo en la fábula monterrosiana o en los relatos kafkianos, y el planteo de la performatividad del lenguaje literario -como discurso social que pretende hacer-hacer algo a un destinatario (inculcar una enseñanza útil para la vida y modificar un comportamiento, por ejemplo)-, son aspectos que mantienen un punto de contacto entre las reflexiones de ambos autores. También, por cierto, se detectan diferencias; sin embargo hay en los dos un interés que sobrepasa lo meramente específico de tal o cual asunto estilístico, y llega a un planteo más amplio sobre la utilidad de la literatura. Reflexión esta que pone en cuestión la función del escritor en general, y de ellos mismos en particular.

            El pequeño "ensayo" titulado "Cómo acercarse a las fábulas"(Monterroso, 1983, 73) se refiere a esta manifestación literaria como una especie no "dañina" para el lector, sí se torna perjudicial cuando cumple la intención performativa que la tradición le ha asignado, esto es, cuando pretende provocar un cambio de comportamiento en el receptor, asociado la mayoría de las veces, con un planteo moral. Vale decir que la razón de ser de la fábula, en este caso, es la negación de sí misma. Pues, desde su origen, se la reconoce como una ficción comparativa con intención didáctico-moralizante.

            De esta forma, Monterroso estaría proponiendo la idea de pensar en una fábula que no sea precisamente una fábula. La posibilidad de componerlas, según el autor, "existe si uno no pretende moralizar con ellas" (Monterroso, 1981, 37)

            En el mismo sentido, Monterroso afirma respecto de la literatura en general: "la literatura en sí misma no tiene ninguna utilidad, ni mucho menos sirve para transformar nada, suponiendo que algún escritor pretenda sinceramente cambiar algo, ya sea la sociedad o al hombre" (Monterroso, 1981, 37).

            La ironía de Monterroso y su hablar "oblicuo" relativizan la función de la fábula de Esopo, pues si no fueran de por sí "malas", la humanidad habría ya aprendido a vivir según sus preceptos, por lo que las calamidades del mundo habrían desaparecido haciéndolo "aburrido".

            Entonces, ¿cómo hay que acercarse a las fábulas? Dejando de lado la intención de buscar una enseñanza, y considerándola un espejo donde el hombre se pueda ver a sí mismo y reírse de sus defectos. Por tratarse de un espejo, el reflejo no es la realidad misma, sino su duplicación literaria; un mundo encerrado en los límites de lo ficcional. No puede entenderse la literatura y más precisamente la fábula como una escritura que crea un universo cuya legalidad sea aplicable; pues su ley rige dentro del mundo creado, lo exterior -la vida cotidiana- sólo puede ver en él un reflejo artistizado.

            Beda Alemann, en Literatura y reflexión I [23] , comenta el texto de Kafka "Acerca de las parábolas" [24] , escrito de 1920-22 en el que se plantea una serie de cuestiones importantes sobre esta especie narrativa tan importante dentro de la producción literaria del autor checo.

            Así como la fábula, la parábola, muy asociada con ella, pues ambas se basan en el procedimiento del paralelismo, se define como "todo giro o narración que trata de poner de relieve el más profundo contenido significativo de un pensamiento mediante una comparación con algo gráfico" (Alemann, Beda, 1976).

            Según el autor, para Kafka el uso del lenguaje es muy frecuentemente un instrumento de "descaminamiento" y de "extrañamiento", por lo que su parábola tampoco busca "la aplicabilidad a las exigencias de la vida diaria" (Alemann, Beda, 1976). Así , también con Kafka tenemos que pensar en la posibilidad de que una parábola no sea precisamente una parábola (Kafka, F., O.B., IV, 1284):

 

           ...Si ustedes sólo se limitaran a obedecer las parábolas, terminarían por volverse parábolas ustedes mismos, y de esa manera se liberarían de todas sus preocupaciones diarias.

 

En este marco, la comparación en este tipo de relato se basaría otra vez -como en el caso de Monterroso- en la creación de un mundo posible -puesto ahora en boca de los sabios- en el que rigen leyes internas. Los hechos que se desencadenan al interior de ese universo repercuten solamente en otros también internos, vale decir que su "esencia" es -como dice Alemann- la "inconcebilidad" en la vida cotidiana. El ambiente de la parábola, entonces, es irreductible al mundo real, y éste, "encerrado en sí y sin trascendencia", "no se deja transformar en parábola". (Alemann, Beda, 1976).

 

            La fábula de Monterroso y la parábola kafkiana no pretenden moralizar proponiendo algún tipo de comportamiento. La lengua castellana ofrece, para cerrar esta explicación, el término "enseñar" con dos acepciones posibles: si "enseñar" tiene sentido didáctico, no es la función de los escritos de ambos; si "enseñar" significa, por el contrario, "mostrar" sin ningún tipo de intención moralizante, he ahí el cometido de estas obras. Fábula y parábola son para los autores formas ficcionales para re-presentar el mundo, no para explicarlo.




Crítica y ficción: entre lo reproductivo y lo productivo
 

            Seguramente la división entre recepción reproductiva y productiva, sin intención de encasillar las producciones literarias, se instaura como una diferenciación de tipo metodológico, que en cuanto precisa formas de leer y rescribir una obra precedente, otorga elementos significativos para analizar casos concretos. No obstante ello, cuando se trata de estudiar la recepción de una autor en la obra de Monterroso, necesariamente debe reconocerse que en algunos de sus dispositivos literarios, el límite entre la ficción (como manifestación de mundos posibles de la imaginación) y la crítica como metalenguaje analítico, se tornan difuso. Por eso, los conceptos de "reproductivo" (aquella forma de la recepción que se manifiesta como crítica, comentario, ensayo...) y "productivo" (referido a la recepción que lleva al lector a crear otra obra de arte), aquí, y por cuestiones de hibridación genérica, se diluyen haciendo evidentes los mecanismos mediante los cuales el autor rompe con las leyes del género, como una forma de subversión que le permite reposicionarse en el campo literario.

            El análisis de la recepción de una obra en otra, deviene aun más complejo cuando el autor-receptor-activo propone nuevas normas genéricas, que confrontadas con el enciclopedia genérica del lector, producen un defasaje receptivo, cuyas consecuencias pueden ser variadas, entre ellas el desconcierto. Como se explicó en la Introducción, esta hibridación genérica presenta más dificultades de lectura cuando el nuevo texto deja vislumbrar indicios intertextuales. Se trataría, entonces, de una nueva manifestación de la escritura, donde una pluralidad de voces: la del autor, y otras anteriores encuadradas en marcos genéricos de enunciación diferentes, se aúnan en una polifonía compleja.

            Para precisar, en al caso concreto de este trabajo, se está frente a escritos de Monterroso: inclasificables -algunos- desde el punto de vista de los géneros más conocidos; intertextuales en cuanto está la presencia aludida de Kafka; polifónicos debido también a la omnipresencia borgeana en diversos estratos de su forma-sentido; entre críticos y ficcionales, pues Kafka asiste no desde sus escritos sino como hombre-autor participando en ese fragmento de mundo como un personaje más. Todas estas características hacen que el texto monterrosiano esté entre la crítica y la ficción, entre lo reproductivo y lo productivo.

            Estos procedimientos de escritura ubican a Monterroso en la estética de la "modernidad tardía", que ha concebido una forma de hacer literatura a partir del fragmento textual y genérico. La obra de Kafka, que marcó una ruptura con el hacer literario de su época e inició una "modernidad" hoy ya clásica, es re-ideologizada en el contexto de la obra monterrosiana. El escritor hispanoamericano subvierte las leyes del decir literario (es, según Lia Ogno, "la oveja negra de la literatura hispanoamericana"), y para hacerlo convoca la persona y la voz de Kafka, recordándolo como un renovador y junto a su palabra autorizada, intenta reinventar la literatura.

            Los textos de dificultoso enrolamiento genérico y en los que se advierte la presencia kafkiana explícita o aludida, son los siguientes: "Beneficios y maleficios de Jorge Luis Borges" , "Humorismo", "A escoger" (Movimiento perpetuo); "In illo tempore" (La palabra mágica) y "La metamorfosis de Gregor Mendel" (La vaca).

En primera instancia, como se procedió en el apartado dedicado al "Humorismo", se presentará una reconstrucción de la labor crítica de Monterroso respecto de la obra de Kafka, a partir de la puesta en relación de fragmentos de diversas fuentes, principalmente de Viaje al centro de la fábula y La letra E. Luego, se aludirá en forma breve a los textos antes nombrados en los que puede observarse con claridad lo explicado precedentemente.

 

El primer texto de 1983 incluido en La letra E, lleva por título "Kafka". Allí, Monterroso expresa: "...la verdad es que Kafka me ha acompañado desde hace mucho tiempo." (1987, 231). Luego, siguiendo a Borges, engloba los temas y motivos kafkianos en la concepción de un mundo de "interminables postergaciones" (1987, 231). Esta interpretación de cuño borgeano es la base de la recepción crítica que el guatemalteco hace de la obra del escritor checo. Respecto de otros puntos significativos en esta recepción, se puede afirmar que giran en torno a ideas ya presentadas a lo largo de la exposición. A continuación se enumeran estos núcleos interpretativos:

 

·        Sostiene que hay lecturas equívocas del complejo literario kafkiano. Pues, hay interpretaciones encaminadas "dócilmente a encontrar símbolos de angustia de nuestro tiempo, incluso en aquellos pasajes de novelas en que Kafka más se divirtió escribiéndolos." (Monterroso, 1987, 250). Monterroso se refiere aquí sobre todo a El proceso, texto cuya lectura ha disfrutado bastante -según él mismo lo expresa-, junto a las aventuras del adolescente Karl Rossman (América). Monterroso lee a Kafka como a un humorista.

·        Como se explicó en otro apartado de este trabajo, la lectura monterrosiana propone una acceso con clave satírica a algunas de las obras de Kafka, sobre todo aquellas cuyos personajes son animales. Esta propuesta se enrola en la tradición crítica que ve en la presencia animal una comparación con el hombre o, más bien, una metáfora antropológica. En el caso de "Investigaciones de un perro", por ejemplo, sólo habría que reemplazar mentalmente la palabra "perro" por la palabra "hombre" para acceder a una interpretación de la obra. Y producir, así, un desplazamiento genérico respecto de otras claves interpretativas; es decir, aquellas que ven su aspecto fantástico. La lectura monterrosiana, por tanto, desautoriza las leyes del género fantástico que requieren de una lectura literal, pues sólo de esa manera se aceptan como posibles las extrañezas del mundo creado. Se debe anular el extrañamiento, para leer el texto como una sátira. En este sentido, oponiendo Monterroso la literatura kafkiana a la borgeana, siempre favoreciendo al segundo, rescata la capacidad del argentino para crear universos en los que el lector duda de la posibilidad de existencia real de los personajes, los hechos y hasta de los mismos libros-fuente que el escritor incluye a manera de epígrafes, documentos, etc.; es decir, de su técnica de "verosimilización". Kafka, en cambio, según esta postura, crea "horrorosas alegorías realistas" en las que se parte de un hecho absurdo para luego desarrollar todas sus consecuencias, todo encuadrado en "un realismo difícil de aceptar" (Monterroso, 1983, 115-116). Siempre, el lector es consciente de estar ante "un puro símbolo" (Monterroso, 1983, 116).

·        Desde un punto de vista histórico-sociológico, Monterroso reflexiona sobre los "prejuicios dominantes" que, en algunas circunstancias históricas, determinan no sólo la creación de las obras literarias, sino también su recepción. Ahora bien, lo que le resulta importante destacar al guatemalteco respecto del escritor checo es que "sea cual haya sido su posición frente a los regímenes en que les tocó escribir -también habla de Dostoiesvki- , lo que no parece entenderse es que ninguno de los dos estaba descontento con ningún sistema político, sino, como todo buen escritor, como Cervantes o Swift, con el género humano, simple y sencillamente." (Monterroso, 1981, 38).

·        En relación a la creación de personajes en general, Monterroso sostiene que "uno debería ser borrado por ellos, de quienes uno apenas estuvo al servicio." Son los casos de Gulliver con Swift, Otelo con Shakespeare, y por supuesto, de Don Quijote con Cervantes. Sin embargo, en lo atinente a Kafka, no se logra esto, sino que la galería de personajes se convierte en una excusa, ya que "sus personajes le sirven más a él, que él a ellos". (Monterroso, 1981, 93).

En aquellos textos donde lo ficcional y lo ensayístico se entremezclan, también pueden detectarse, como ya se dijo, planteos críticos. Algunos de estos escritos han sido recuperados a lo largo de la exposición, pues, debido a su potencialidad crítica, fueron de gran significación para recuperar aspectos que hacen al núcleo duro de la concepción monterrosiana del universo de Kafka. Dos de ellos, "la metamorfosis de Gregor Mendel" (La vaca) y "Paréntesis" (La Oveja negra y demás fábulas), sometidos a una lectura de supuestos, indicios (del revés de la trama) hablan de:

 

·        Una re-contextualización de asuntos, tonos y motivos kafkianos en "ambientes" literarios renovados, donde el aspecto trágico de la obra original queda fusionado a una hilaridad prevista. El resultado final es un dispositivo literario que mueve a una lectura humorística y reflexiva a la vez. Es la consecuencia práctica de una recepción productiva en la que la actividad crítica a priori ha marcado el rumbo de la creación.

·        Una inserción del escritor-Kafka en la ficción literaria, y por tanto su transformación en personaje. A veces, también es lícito pensarlo, metamorfoseado en animal : monos que reflexionan sobre la utilidad de la literatura, o una pulga insomne (¿el insomnio podrá leerse como una alusión al checo?) que piensa en su oficio de escritor y que desea llegar a ser como Kafka, "claro que sin su existencia miserable" (Monterroso, 1969, 216).

·        Una re-dimensionalización del motivo de la metamorfosis como una forma de entender y simbolizar el tiempo y el devenir del hombre y del universo.

 

Relacionado con este último punto, y para concluir, se recupera el texto "La metamorfosis de Gregor Mendel", que no sólo es pertinente para ejemplificar lo desarrollado, sino que además resulta bastante divertido.

Cuenta allí Monterroso que Johan Mendel (nacido en la Silesia austriaca en 1822) al ingresar al monasterio agustino de Brünn -Moravia-, puesto que le gustaban las "mutaciones", mudó su nombre de pila a Gregor. Luego de la breve biografía, Monterroso se declara sorprendido al leer en la obra It's Raining Cats and Dogs and Other Beastly Expressions de la "acuciosa lexicógrafa norteamericana Christine Ammer ", libro en el que se estudian expresiones de lengua inglesa formadas con nombres de animales, lo siguiente:

 

           CUCARACHA: (...) Una peste doméstica en el mundo entero, la humilde cucaracha fue hecha famosa por dos escritores del siglo veinte de posición muy distinta. El escritor checo Franz Kafka transformó a Gregor Mendel, protagonista de su novela La metamorfosis, en una cucaracha desde el principio de su relato , quien a partir de ahí vio el mundo desde esa perspectiva sombría y angustiosa."

  

A esto Monterroso agrega:

 

...es bueno imaginar lo que habría pensado el viajante de comercio Gregor Samsa, el verdadero protagonista de La metamorfosis kafkiana, y si su angustia habría sido menor, o mayor, si al despertar aquella mañana, después de un sueño intranquilo, se hubiera convertido ya no en un "monstruoso insecto" sino en el apacible monje austriaco Gregor Mendel.

 

 

            Después, acercándose al caso de Kafka, comenta el guatemalteco cómo a él le ha sucedido algo perecido, pues escritores y críticos en algunos artículos publicados en revistas y libros, han confundido el dinosaurio de su brevísimo relato homónimo con un "unicornio" (en el caso de Vargas Llosa) o con un "cocodrilo" (Carlos Fuentes).

            Finaliza el texto con esta reflexión (Monterroso, 1998, 139 a 145):

 

                                   En la literatura y en la vida los seres humanos y los animales cambian de forma y de ser: ovidiana, mendeliana o kafkianamente se metamorfosean unos en otros y, felizmente, pueden convivir, en la misma época o con diferencia de miles de años, en un sitio privilegiado desde el que salen una y otra vez a enfrentar el mundo: la poderosa imaginación de poetas y novelistas, según la cual mi viejo dinosaurio ha pasado a ser también, entre otras bestias reales o imaginarias, rinoceronte, hipopótamo y dragón.



CONCLUSIONES

 

            Hubo un convencimiento previo a la realización del trabajo: Monterroso no es un escritor que pueda incluirse en un estética kafkiana. No es tampoco un imitador. No obstante, la lectura atenta de sus obras ha revelado más similitudes, alusiones, filiaciones, "hábitos" de los pensados inicialmente.

            El estudio de la recepción monterrosiana de la obra de Kafka ha puesto de manifiesto un recorrido de lecturas: el contacto de Monterroso con la obra del autor checo tiene a Borges como intermediario; el escritor argentino en una recepción reproductiva (es prologuista y traductor) de la obra kafkiana, funciona como intermediario activo que provoca en un segundo receptor (Monterroso) una imagen de la literatura del escritor de referencia (Kafka), cuya conformación se manifestaría como un conglomerado de interpretaciones que pone en relación en forma articulada, los escritos de Kafka con los de Borges. Esto se manifiesta con claridad en algunos textos trabajados, ejemplos concretos de recepción productiva y reproductiva. La recepción de la ficción de Kafka realizada por el autor guatemalteco está atravesada por la actividad crítica de Borges. En algunas producciones del autor de La Oveja negra y demás fábulas se han podido observar filiaciones literarias con Kafka en donde -vía Borges- se recontextualizan temas, motivos y situaciones.

Un punto de contacto es la recepción productiva de la tradición griega; cada uno a su modo, el autor checo refundiendo las leyendas míticas en paradojas inexplicables, y el guatemalteco relativizando las "verdades" mitológicas a través de la ironía y el hablar oblicuo han coincidido en el camino de la reinterpretación de la mitología, proyectándose ‑con la lógica borgeana de "Kafka y sus precursores"- ora como "precursor" ora como "seguidor", uno en el otro.

            En algunos escritos, el mismo Kafka-autor es puesto por Monterroso en las situaciones llamadas "kafkianas"; en esos mundos oníricos desaparecen las máscaras de los K., los Samsa, los Karl, para que a través de un juego de realidad y ficción, el autor checo se muestre en sus más profundos conflictos y preocupaciones.

            Monterroso propone una clave de lectura del texto kafkiano, sobre todo de aquel que desarrolla temas presentados mediante el recurso de la personificación animal: se trata de la interpretación en clave de sátira, donde los animales funcionan como una metáfora antropológica. En un proceso literario de borrado de límites entre lo animal y lo humano (recurriendo, en algunos casos a la presencia de una naturaleza oscilante), lo natural-instintivo y lo cultural-aprendido, Monterroso se acerca a Kafka en la estética del "antropozoomorfismo" para dar una expresión a la existencia "mixta" del hombre.

            El guatemalteco ve en el autor de El proceso a un humorista, por lo que se aleja de las líneas interpretativas que sólo conciben el mundo kafkiano como trágico, concepción esta que, según Monterroso, está contaminada por preocupaciones un tanto ajenas a la obra en sí: los diarios, las cartas, la tuberculosis, la mala relación con el padre...

            El humor que advierte Monterroso en la obra kafkiana es una forma particular de humor reflexivo, "triste", ya que no induce a la risa desnuda, superficial, sino a una risa amarga, desconcertada, confusa, aquella que nace de verse a sí mismo en una situación ridícula, en un esfuerzo inútil, en una "comedia".

            Ambos autores coinciden en la preocupación por los límites de lo literario concebido como un discurso social que pretende hacer-hacer algo a un destinatario. Este aspecto preformativo del discurso literario relacionado con las intenciones fabulística y de la parábola es puesta aquí en tela de juicio. Los dos escritores entienden estos dispositivos literarios como mundos cerrados donde rigen leyes internas, y por tanto intraducibles, inaplicables, sin capacidad de proyección a lo extraliterario, es decir a la vida cotidiana. La fábula de Monterroso y la parábola kafkiana no pretenden moralizar proponiendo algún tipo de comportamiento, sólo mostrar la paradoja intrínseca de las situaciones humanas.

            La hibridación genérica de algunos escritos de Monterroso, junto al mecanismo polifónico empleado en su "construcción", borran los límites entre lo puramente ficcional y los ensayístico-crítico. De todas formas estos textos pueden leerse también como soportes de crítica literaria. De hecho, así han sido leídos en este trabajo. En estas obras Kafka es introducido como personaje en mundos limítrofes: puede leerse como ficción pero también proporcionan información sobre una concepción monterrosiana del complejo kafkiano que adquiere un estatuto crítico.

            Todos los procedimientos de escritura analizados ubican a Monterroso en la estética de la "modernidad tardía", que ha concebido una forma de hacer literatura a partir del fragmento textual y genérico. La obra de Kafka, que marcó una ruptura con el hacer literario de su época e inició una "modernidad" hoy ya clásica, es re-ideologizada en el contexto de la obra monterrosiana. El escritor hispanoamericano subvierte las leyes del decir literario, y para hacerlo convoca la persona y la voz de Kafka, (previo convencimiento de la universalidad de su mensaje) recordándolo como un renovador y junto a su palabra autorizada, intenta reinventar la literatura.


NOTAS

[1]          "La alusión es una forma retórica de carácter lógico encuadrada tipológicamente entre las figuras de pensamiento por sustitución; 'en su variedad de aspectos, la alusión es un hablar insinuante, o por enigmas, un dar a entender apelando a conocimientos verdaderos o supuestos del destinatario, a su cultura, a la enciclopedia del género" (Mortara Garavelli citado por Martínez Fernández, 2001, 88) A esto el autor agrega que "La alusión puede ir -y suele ir- unida a la cita, y en ocasiones los límites son extraordinariamente lábiles.

                "La introducción de un segundo término añade, por así decirlo, otra dimensión nueva a la lectura, dándole un efecto tipo déjá-vu , y así aumentando -con un modo distinto- el placer estético, haciéndolo algo más intelectual, ya que se necesita cierta agilidad mental para trasladar la atención de un plano a otro" (Hickey, Leo, 1970, 55).

Por su parte, Silvia Barei (1991, 70), refiriéndose a la alusión como una de las estrategias formales del fenómeno de la intertextualidad, afirma que "es una manera más lejana, más imperceptible de referirse a la palabra ajena y en algunos casos solo un lector muy entrenado puede llegar a reconocerla como tal."

[2]          El texto original de referencia es "Investigación de las influencias y de la recepción", en M. Schmeling (ed.), Teoría y práctica de la literatura comparada, Barcelona, Alfa, (1ra. Edición alemana, 1981).

[3]          Ver nota 2.

[4]          La paráfrasis es de Martínez Fernández, J. (2001, 68)

[5]          "La transducción literaria, en sentido lato, abarca fenómenos tan diversos como la tradición literaria, la intertextualidad, la influencia y la transferencia intercultural. Las actividades de transducción incluyen la incorporación de un texto literario (o de alguna de sus partes) en otro texto, las transformaciones de un género en otro (...), traducción a lenguas extranjeras, crítica literaria, teoría e historias literarias, formación literaria y otras. En estos distintos 'canales' da transducción se producen transformaciones textuales que abarcan desde citas literales hasta textos metateóricos substancialmente diferentes" (Dolezel citado por Martínez Fernández, 2001, 92)

[6]          El título de este volumen es un ejemplo del humor de Monterroso, pues debe su nombre a que uno de los cuentos que conforma el conjunto se denomina "Obras completas". El subtítulo es un guiño cómplice dirigido al lector.

[7]          Incluido en La Oveja negra y demás fábulas (1969, 194). A continuación se trascribe el texto:

                Era una vez una Cucaracha llamada Gregorio Samsa que soñaba que era una Cucaracha llamada Franz Kafka que soñaba que era un escritor que escribía acerca de un empleado llamado Gregorio Samsa que soñaba que era una Cucaracha.

[8]          El crítico Saúl Sosnowski, en su artículo "Monterroso: la sátira del poder" (Corral, W.,1995,41), encuentra ecos de La metamorfosis en el relato de una línea del guatemalteco: "Leer 'Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí' -texto íntegro de 'El dinosaurio'- promueve las inequívocas referencias literarias a Kafka; también a la pesadilla que surge desde el sueño afirmado que no es tal, que el que despierta está encerrado en el tiempo que rige el dinosaurio y no el hombre."

[9]          Recuérdese, por ejemplo, el cuento de Borges "Las ruinas circulares".

[10]         La metamorfosis (Traducción de Borges, Bs. As., Alianza, 1980)

[11]         En el caso de las obras de Kafka, el año que señalo a continuación del autor es el de la edición que manejo, que luego detallo en la Bibliografía.

[12]         En relación al narrador de La metamorfosis, Oscar Caeiro (1999), en el capítulo denominado "Autores" y más específicamente en el apartado "Kafka en sus ficciones", comenta: "El lector tiene derecho a una duda, o acaso no se puede deshacer de una duda. Desde la afirmación del comienzo, donde se dice que el protagonista 'se encontró' de tal o cual manera, queda definida una ambigüedad que comprende las dos posibilidades: que ello haya ocurrido realmente, o que sea solo algo imaginado o soñado. Obsérvese bien: el lector no puede decir en ningún momento, tal vez con alivio, "es un sueño más"; pero tampoco llega a una certeza objetiva, exterior, pues no hay ningún narrador omnisciente que se la dé" (Pág. 189)

[13]         "Los sueños son el género; la pesadilla, la especie." (Borges, J.L. , 1987, 35)

[14]         Está dentro del conjunto de relatos denominado "La muralla china", Obras completas, 1999, págs. 1323 y 1324 (Tomo IV). A partir de ahora me referiré a esta obra con la abreviatura "O. B." acompañada del tomo y la página.

[15]         Kafka, F., O.B., IV, 1322.

[16]         Recuérdense, por ejemplo, los relatos "Poseidón", "El buitre" y "Prometeo" que algunas ediciones recogen dentro del volumen La muralla china.

[17]         Dentro de La Oveja negra y demás fábulas pueden leerse: "La tela de Penélope o quién engaña a quién", "La Tortuga y Aquiles", etc. También la recuperación de la tradición fabulística de Esopo es una forma de transducción.

[18]         Kafka, F., "Un mensaje imperial" (1997, 244)

[19]         En relación al humor en la obra de Kafka, Milan Kundera (1986, 121) expresa: "...lo cómico es inseparable de la esencia misma de lo kafkiano(...) En el mundo kafkiano, lo cómico no representa un contrapunto de lo trágico (lo tragicómico) como ocurre en Shakespeare; no está ahí para hacer lo trágico más soportable gracias a la ligereza de tono; no acompaña lo trágico, no, lo destruye antes de que nazca privando así a las víctimas del único consuelo que les cabría aún esperar: en que se encuentra en la grandeza (auténtica o supuesta) de la tragedia.". Charles Moeller en su Literatura del siglo XX y cristianismo (1970, tomo III, 310) sostiene, por el contrario, que "lo trágico no excluye lo cómico", pero que "La carcajada de Kafka es, indudablemente, algo macabra...".

                Caeiro (1999, 199), por su parte, opina que "Reírse de las miserias y de los obstáculos de la vida, reaccionar ingeniosamente frente a ellos, es humor, un humor melancólico, un poco trágico. Y no falta en las novelas de Kafka."

[20]         Es el caso de "El Mono que quiso ser escritor satírico" y de "El Mono piensa en ese tema" (Monterroso, 1969, 174-175, 206)

[21]         En esta interpretación, Modern sigue a Wilhelm Emrich (Franz Kafka, Bonn, 1958)

[22]         En el próximo apartado se explica este aspecto en forma más extensa.

[23]         Editorial Alfa, 1976.

[24]         Kafka, F., O.B., IV, 1284.

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