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El proceso editorial de Kafka




C
ésar Antonio Molina
Escritor
[ La Coruña. Licenciado en Derecho y en Ciencias de la Información. Se doctoró "cum laude" con un trabajo de investigación sobre La prensa literaria española, publicado en tres volúmenes. Es profesor de Humanidades y Periodismo en la Universidad Carlos III.
Tiene medio centenar de libros editados como poeta (toda su obra, excepto los dos más recientes poemarios aparecidos: Para no ir a parte alguna y Olas en la noche, está recogida en Las ruinas del mundo); ensayista (en Sobre la inutilidad de la poesía, Nostalgia de la nada perdida y Sobre el Iberismo, se aúnan sus reflexiones sobre la poesía y la narrativa del siglo XX); y traductor. También es larga su labor como comisario de exposiciones, director de relevantes instituciones (en la actualidad del Círculo de Bellas Artes), periodista (responsable durante más de una década de las páginas de Cultura y del suplemento Culturas de Diario 16), y uno de los más prestigiosos críticos literarios. Acaba de salir a la luz su primer libro de narraciones, Vivir sin ser visto. (Península, 2000)
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Ante todo hay que aclarar que el trabajo de Joachim Unseld no es una biografía personal del autor de El castillo, sino pura y estrictamente una biografía literaria. Es decir, las constantes vitales del escritor checo son seguidas muy tenuemente en favor del proceso difusor -bastante complejo- de la obra, durante su muy corta existencia. Y precisamente en este novedoso punto de vista estriba la originalidad de un ensayo -más que biografía- que aporta nuevas fuentes para el estudio literario más allá de los agotados caminos textuales.

Joachim Unseld, él mismo perteneciente a una estirpe de editores, saca a la luz el verdadero valor que, en cualquier obra de creación, tienen una serie de agentes externos que van desde los concursos literarios, los editores, las revistas de creación, la correspondencia profesional, las conferencias, las publicaciones fragmentarias en almanaques de editoriales y en antologías, las amistades literarias, las tiradas y ventas de ejemplares así como su distribución, la recepción de esas obras por sus contemporáneos... Y todo este difícil entramado de cosas es explicado desde una posición de profesional de la literatura o gestor de la misma y, por supuesto, de lector. El resultado no puede ser más fructífero a pesar de la dificultad que entrañará, para el público español, adentrarse por los laberintos culturales de un mundo que le ha sido poco accesible. El trabajo de Unseld es tanto más interesante como original y novedoso el planteamiento investigador. Kafka es aquí la disculpa, aunque no fortuita, para ensalzar el papel del edi­tor no como un ser anónimo y pasivo, sino por el contrario como alguien decisivo. En realidad Unseld aprovecha esta oportunidad para dibujar paralelamente el retrato de varios de ellos, de sus empresas y otras publicaciones un tanto a la deriva de los difíciles acontecimientos políticos y sociales de la Europa de entre guerras.

Franz Kafka no pierde nada de su fascinación, por el contrario adquiere otras nuevas a pesar de que el autor de Franz Kafka, una vida de escritor [1] revela aspectos desconocidos que contribuyen a la misma, pero otros también que desvelan el lado humano y mortal de un héroe con talón(es) de Aquiles.

Kafka no fue un personaje difícil, huraño, displicente para con la fama y la gloria terrenal. Es decir, una de esas excepciones que confirman la regla, en el sentido de adjetivarlo como autor "puro", ajeno a la política literaria de su época. Kafka tuvo mala fortuna, pero lo intentó todo para publicar, siempre desde un cuidado y una meticulosidad encomiable. Para el autor de América la escritura era un acto sagrado, pero también quiso ser el refugio de los fracasos amorosos o la más alta manifestación de amor por alguna de sus mujeres: Felice, Julie, Milena o Dora. Kafka fracasó también en esto y como escritor profesional, uno de sus máximos deseos. ¿Por qué las circunstancias le impidieron la doble realización: la personal y la literaria? Unseld sin duda se acerca a los orígenes de esa imposibilidad que estaría provocada por aspectos personales y familiares, editoriales y, finalmente, físicos. Vale la pena aclarar lo siguiente. Kafka no debe su literatura (a dife­rencia de otros escritores) a esas "imposibilidades". En este sentido el escritor praguense sufre en carne propia la nueva conciencia profesional del escritor contemporáneo. Kafka a pesar de sus buenas amistades: Max Brod, su amigo incondicional de siempre y albacea, y el poeta Franz Werfel -magnífico como escritor y de una vida muy interesante de la que tam­bién habla en sus memorias Golo Mann-, no tenía un carácter firme como para enfrentarse con unos editores dubitativos ante una obra que, a la vista de lo que leemos en este libro, más que sorprenderles o inquietarles, les produjo cierta indiferencia.

Indiferencia y confusión pues Kafka fue adscrito al movimiento expresionista por motivos de política editorial (la de Kurt Wolff y la colección Der Jüngste Tag), lo que contribuyó no poco a confundir todavía más a los lectores que habían crecido tímidamente tras la concesión del Premio Fontane. ¿Cuántas ventas? Unseld aporta cifras irrisorias. Por ejemplo de Meditaciones se vendieron en los meses siguientes a ese galardón nada menos que doscientos cincuenta ejemplares. En este sentido son muy jugosas las referencias que Unseld saca a la luz relativas a otras investigaciones como, por ejemplo, las de Ludwig Dietz quien demostró cómo alguno de los libros editados por Kafka en vida (La metamorfosis. La condena, o El fogonero) tuvieron más de una edición. Cada uno de los tres relatos de Kafka, en la colección Der Jüngste Tag, habían alcanzado una tirada de unos diez mil ejemplares. ¿Camufló el editor estas cifras? Wolff siempre se quejó de que la venta de esos pequeños ejemplares no era muy grande. La tirada de los libros encuadernados de Kafka osciló entre los ochocientos ejemplares de Meditaciones y los dos mil de Un médico rural. Por otra parte, Wolff, que tanto contribuyó a la gloria y al infortunio de su autor, apenas mantuvo más que dos contactos personales con él, y éstos, en presencia de otras personas.

El libro de Joachim Unseld nos ofrece otros muchos datos y referencias inéditas, tales como aquellas relacionadas con sus fracasos amorosos, los largos períodos de esterilidad creadora, la cuestión judía, sus proyectos de vida en Berlín, la enfermedad, su prematura jubilación, la vuelta a Praga y la orden de quema de sus originales. Por estas páginas pasan otros muchos autores como, además de los citados, Franz Blei, Otto Pick, Martin Buber o Robert Musil.

El libro de Unseld es un ejemplo que debería cundir a la hora de investigar a otros autores y, ¿por qué no?, también españoles.

Franz Kafka. Imágenes de su vida [2] , de Klaus Wagenbach, es una doble visión biográfica. Por una parte la vital más que literaria (de esta también se habla, aunque no tan profundamente como la anterior), y, sobre todo, iconográfica. El lector se encuentra aquí con los rostros de carne y hueso, con las calles, los edificios, los paisajes y hasta la reproducción facsimilar de algunas páginas manuscritas del propio Kafka. La labor de Wagenbach no ha sido menos ardua y esforzada que la de Unseld. El material gráfico y documental es exhaustivo. Hay que pensar que las dificultades para la recopilación del mismo han debido ser ingentes dado que las dos confrontacio­nes mundiales arrasaron no solamente muchos de los espacios geográficos en los que se desarrolló la vida del autor de Carta al padre, sino también fotografías y álbumes familiares. El caso Kafka era, si cabe, todavía más complicado por sus orígenes judíos y la persecución y prohibición bibliográfica a la que estuvo sometido por el nazismo.

¿Cuánta nostalgia en esta Praga preindustrial, provinciana, a la que Kafka tanto amó y odió? Ambos libros son magníficos, y a la vez complementarios. Y este último también un ejemplo para que el editor español se aventure en la publicación de estas iconografías también de autores nuestros.

El clan de los Kafka [3] de Anthony Northey es un ensayo que, también, se desarrolla en torno al rastreo de la vida de varios familiares del novelista checo, y trata de aclarar algunos aspectos de su obra. Kafka rompió con su familia casi desde un principio. Él mismo llegó a escribir que "... las duras penas y las alegrías de mis parientes me aburren en lo más hondo de mi alma". Sin embargo Anthony Northey cree descubrir en las obras suyas algunas referencias a las varias y curiosas vidas de sus parientes. Este libro así también se convierte en la narración de varias de las mismas. Los parientes de Kafka emigraron por numerosos países de Europa (entre ellos España) y América, teniendo vidas realmente novelescas. Por ejemplo, sus tíos Alfred y Joseph alcanzaron fama y dinero. El primero de ambos llegó a ser director general de los ferrocarriles españoles. Y no menos interesante fue la vida de sus primos en América.

El libro de Anthony Northey es sumamente interesante por la cantidad de pequeños datos que aporta para la gran historia vital y literaria del autor de Metamorfosis. Y precisamente por ello echo en falta un último capítulo donde al margen de los vínculos entre estas vidas y la obra de Kafka, se explicara el devenir posterior de su familia, fundamentalmente en Europa y durante el período del nacionalsocialismo y la segunda guerra mundial. Tampoco sé muy bien hasta qué punto se puede hablar de "clan" en una amplia familia cuyos componentes, según se desprende de estas páginas, no brillaron precisamente por la solidaridad entre sus miembros.

 

 

[1]   Franz Kafka. Una vida de escritor. Joachim Unseld. Anagrama. Barcelona, 1989.

[2]  Franz Kafka. Imágenes de una vida. Klaus Wagenbach. Circulo de lectores. Madrid, 1989.

[3]   El clan de los Kafka. Anthony Northey.







Extraído de: Nostalgia de la nada perdida (Ensayo sobre narrativa contemporánea)
Endimión, 1996.  
ISBN: 84-7731-222-2





© C
ésar Antonio Molina, 1996/2002
© Endimión, 1996



 
     
 
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